Leandro: defensa y ataque

Antes de presentar el perfil de nuestro artista, conviene decir:

I) En Brasil, donde los genios de la bola acostumbran ocupar otras posiciones en campo, un lateral de piernas arqueadas, estilo exuberante y -para la revista Placar- "talento de medio derecha jugando con la camiseta 2", hay una unanimidad: José Leandro Souza Ferreira;

II) Confirmando eso, Telê Santana, técnico independiente y sensato, dijo, incisivo: "Leandro ha sido el mejor lateral derecho que he visto en acción en toda la historia del fútbol brasileño"(apuntemos que Telê también vio a Djalma Santos y a Carlos Alberto Torres);

III) Jorginho -crack que lo sustituyó en el Flamengo y fue su sucesor en la selección de Brasil en los Mundiales de 1990 y de 1994- fue más allá sobre su ídolo: "Leandro era lo máximo, la principal referencia... Aunque fui campeón del mundo, creo que estoy muy lejos de su calidad. Ha sido de los jugadores más habilidosos que he visto el mundo. Yo lo vi hacer cosas impresionantes que nadie ha hecho en el área pequeña, bien como lateral o central. Tenía mucha técnica, fuerza, sabía centrar, chutaba con la dos piernas y era un buen marcador. Era completo".

Ese legítimamente elogiado Leandro nació el 17 de marzo de 1959, en Cabo Frio -microregión de los lagos del estado de Río de Janeiro-, ciudad donde el turismo, las salinas y la pesca son las principales actividades económicas. Desde allí, fanático del Flamengo, viajaba con el padre a ver los partidos en el Maracaná y nunca imaginó entonces volverse uno de los más importantes ases de la historia del club. Como estudiante, Leandro era aplicado y jugaba en Cabo Frio sin objetivo de ser profesional. Hasta que, en 1976, un primo lo llevó para hacer un ensayo en el equipo del barrio carioca de la Gávea. Y al de Cabo Frio, le bastaría un entreno para encantar a quien era encargado de las divisiones inferiores de los rojinegros. En los años siguientes, haría sus clases en varias posiciones. Por eso decía Leandro en 2004: "Puedo decir que sólo no jugué de portero. Yo era un lateral, pero actué de los dos lados. También en las alas, en el medio, en el centro de la defensa y hasta de delantero centro. Todo eso. En la época, se decía que era polivalente. Y ya había gente que pensaba que esa historia de polivalente era una ruina, que yo, haciendo de todo, terminaría sin sitio. Hoy día, quien juega de los dos lados tiene una grande ventaja y sitio en cualquier equipo".


Así que, cuando el entrenador Claudio Coutinho le brindó el estreno en el primer equipo rojinegro, el 8 de febrero de 1979, contra Volta Redonda, Leandro ocupó el lateral derecho como un veterano y contribuyó a la victoria por 2 a 0. Para los del Flamengo, el novato, de 1,82m. Y las piernas curvadas por el mal del "cow boy", tenía algo diferente en elegancia, sobriedad, acierto y rapidez en el ir y volver, defensa-ataque, permitiéndose un toque de bola magistral y un regate con filigranas, cosas raras en el común de los laterales. Su demostrada personalidad desde los inicios -actuando con estrellas de la grandeza de Raul Plassmann, Júnior, Andrade, Adílio, Carpegiani, Tita y Zico (siendo este la mayor gloria deportiva de la historia del club)- cautivaría la torcida. Y en seguida Leandro devino un astro en aquel equipo victorioso y harmónico. Tanto que ya fue campeón de Río en 1979, repitiendo en el certamen especial carioca ese mismo año. A partir de allí ya se propagó el rumor en la prensa y en el pueblo para ir a la selección. Pero el combinado brasileño esperaría que fuera campeón de Brasil con el Flamengo en 1980. Y el 23 de septiembre de 1981, Telê Santana lo alineó con Brasil, que venció a Irlanda por 6 a 0, en Maceió, capital de Alagoas. También en 1981, Leandro fue campeón de estado carioca, campeón de la Copa Libertadores de las Américas y de la Intercontinental -estos dos últimos, los más importantes títulos del Flamengo.


En el Mundial del 82, el artista jugó con luz propia todos los partidos de esa selección brasileña que encantaría el planeta. Por eso, hasta hoy lleva como una cruz la amarga derrota en España. En contrapartida, Leandro ganó para su club los campeonatos de Brasil de 1982 y 1983 -año en que le empezó a atormentar una artrosis, a los 24 años. Por causa de esa enfermedad, después de cada encuentro, se contorcía como si fuera un viejo y aplacaba el dolor con hielo en la rodilla. Pero a partir de 1985, ya sin la movilidad de ir de la defensa al ataque, cambió la posición para la de central, dejando la función de lateral carrilero a Jorginho, que desde ese momento lo consideró su incontestable ídolo.


A pesar de todo, sin quejarse, Leandro seguiría jugando de lateral derecho con la selección, participando en amistosos, en la Copa América de 1983 y en las eliminatorias del Mundial hasta mayo de 1986. Para el técnico Telê Santana, era el nombre cierto en ese puesto para el Mundial del 86. Es cuando sucedió un hecho decisivo en la carrera del de Cabo Frio: él y el delantero
Renato Gaúcho, por haber llegado tarde a la concentración, fueron excluidos del equipo. Pero unos días después, en vísperas del viaje a México, el técnico revisó su decisión en cuanto a Leandro. Sin embargo, con cortesía, el defensor, alegando que ya no podía jugar más de lateral, rechazó seguir con la delegación. En el fondo, escondía que se solidarizaba con su amigo Renato, quien no fue perdonado. Así acabó de forma precoz Leandro su trayectoria en la selección, donde hizo 27 partidos. Y en las formas, repetía el gesto de otro lateral derecho, suplente de Augusto, Píndaro, del Fluminense. Ese se excluyó del equipo de Brasil, el 7 de mayo del 50, poco antes del Mundial, por sentirse despreciado por el entrenador, quien seleccionaría, como reserva de Augusto, al fantástico lateral derecho Nilton Santos.

Con la desenvoltura de Leandro como clásico defensa central -que, sin exagerar, hacía que los más ancianos lo comparasen a Domingos da Guia-, el de Cabo Frio sería de nuevo campeón carioca en el 86 y de Brasil en 1987. Pero en 1990, tras su tercera operación de la rodilla, y vestir su última camiseta ganando la Copa de Brasil, el crack decidió dejar el fútbol a los 31 años. Deja en el Clube de Regatas do Flamengo un registro de 411 partidos y 14 goles en una fructífera carrera. De esa suma de encuentros, fueron 236 victorias, 98 empates y 77 derrotas. Y sobretodo, deja en la memoria brasileña la certeza de que ninguno en el puesto fue tan habilidoso y fácil con el balón en los pies.

Lejos del rectángulo, Leandro se dedicó al comercio de fotocopiadoras en el barrio carioca de Ipanema, antes de crear un hotel -"Pousada do Leandro"- en la playa "Praia do Forte", de Cabo Frio. Pero en 1997, no resistió a los tentáculos del fútbol y volvió rápidamente a su amado Flamengo como auxiliar de Júnior, el "Capacete". Dos años después, como coordinador de la Asociación Atlética de Cabo Frio, trajo a su también ex-compañero de selección, Sócrates, para ser técnico, lo que permitió al club del interior subir a la primera división carioca. Cuando el tranquilo ciudadano José Leandro Souza Ferreira recibe con cordialidad a los turistas en su posada, sueña que un día su máximo ídolo Zico asuma la presidencia del Flamengo y devuelva el club a una época más esperanzadora. En la espera, contempla la estatua en tamaño real que fue erigida cerca en su homenaje, en la Praça das Águas. Y siente "mucha saudade del mundo del fútbol, del torcedor, de la víspera de un clásico, aquella gente toda, gritando en el Maracaná", como dijo en una entrevista relajada en 2004.
Fuente: Antonio Falcao


Gol de Leandro con el Flamengo en el clásico Fla-Flu