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Zico

Hasta en su último acto de jugador, Zico nos alertó sobre algo que nosostros, críticos -últimamente tan dispuestos a exaltar cualquier mediocre que aparezca en los campos- habíamos olvidado: la importancia del verdadero crack. En cuanto los clubes más poderosos de Brasil -Vasco, Flamengo, Corinthians, Palmeiras, Internacional, Sao Paulo- disputando campeonatos estatales y nacionales, tienen problema para atraer a cinco mil, diez mil personas, el crack -él sólo- con su talento y su grandeza, lleva 100 mil al Maracaná, en una noche sin compromiso.
Ahí está, ratificada por la presencia masiva del pueblo, la exacta dimensión de Zico en el fútbol brasileño.
En una época en que el fútbol pierde cada vez más su sentido lúdico y relajado, para dejar paso a la filosofía del miedo, de defender con diez para no perder, de atacar con uno o dos, para no correr riesgos, de combatir para destruir, de hacer faltas para no dejar crear -en esta época de técnicos de la defensa, de jugadores limitados, la figura del crack simbolizada por Zico bien se merecía la consagración del Maracaná repleto.

Pues Zico -o el crack de manera general- nada tiene que ver con ese fútbol de esquemas defensivos y de jugadores laboriosos que atraen dos o tres mil personas al campo. Fue de ese fútbol sin imaginación que él se despidió para siempre. El fútbol de Zico es el fútbol de 100 mil personas en delirio, el del estadio repleto de pasión, de la alegría de jugar al balón por amor y el placer de crear una jugada de gol.

Hoy los estadios brasileños están aun más vacíos.
Fuente: Fernando Calazans

Entrenadores

El entrenador es un especialista de los jugadores que están a sus órdenes.

Un periodista le preguntó a cierto entrenador por sus conocimientos sobre fútbol y la respuesta fue la siguiente: "Un entrenador de fútbol debe saberlo todo: marcaje al hombre, en zona, mixto, presión, fuera de juega, ataque, contraataque .... en fin, todo. Absolutamente todo."


La respuesta fue generosa en conceptos, pero yo creo que le faltó lo más importante: un entrenador debe saber de jugadores El que no empieza por ahí confunde lo esencial con lo secundario, que es lo mismo que no saber nada. Absolutamente nada.


Te meten en la cárcel, te meten llave y luego dicen que eres libre.


Hay entrenadores que respetan el talento, pero lo empiezan a valorar una vez cumplidas todas las obligaciones. Si después de cumplir todas las misiones a un jugador se le ocurre una genialidad y además le sale bien, entonces el entrenador aplaudirá como todos. Lo diré de otro modo: todos los jugadores son soldados rasos que tienen que cumplir un plan. Si después de tender la cama, fregar el piso y hacer la instrucción para no salirse del lugar el día del desfile, uno tiene tiempo y ganas de ser artista, hay permiso. Y luego se quejan de que no hay libertad.


¿Jugadores polifuncionales? No, gracias.


Un defensor de mediocentro, un jugador zurdo por la derecha, uno malo que juega, uno bueno en el banco... no inventen más por favor. La columna vertebral de un equipo la forman los especialistas. Ese es el único punto en común entre los que triunfan: juegan siempre los mejores en el sitio que les corresponde.
Fuente: Jorge Valdano

¿Dónde están? ¿Quiénes son?

Tras la erradicación de los extremos, estamos ahora asistiendo al genocidio de los creadores. Su imaginación, su inteligencia de juego pausado y técnico ya no tiene espacio de libertad en el fútbol físico, destructivo y veloz del siglo XXI.

No es extraño de ver aparecer, en particular en el fútbol europeo, cuna del fútbol resultadista, estadísticas de asistencias de gol. Un goleador eficaz hoy marca la mitad de goles de los que metían los Pelé, Müller, Pedernera, Eusebio, Fontaine, Di Stéfano etc... desasistidos por los desaparecidos extremos. Dichos extremos hacían pases de la muerte, asistencias letales. Pero entonces, era imposible contar tantas ofrendas de gol.

Además de los innumerables centros letales de los extremos, los delanteros centros eran asistidos, al interior... de interiores, derecho e izquierdo, que les ofrecían unos cuantos pases milimétricos por partido, como Zico, Tostao, Kopa, Didi, Platini, Piantoni, Hidegkuti, Coutinho, Coluna, Sotil, etc... Hoy los interiores juegan al exterior y sustituyen a los desparecidos extremos.

Esos interiores o medios ofensivos, eran también llamados creadores. Pero con la desaparición esos últimos años de los penúltimos artistas creadores como Maradona, Platini, Francescoli, Valderrama, Zico y otros Roberto Baggio y Zidane,... ¿quien aparecerá en el universo del fútbol guerrero, físico y destructivo, del fútbol business y de la media, para construir y crear el juego, para organizar el espectáculo con pie y cabeza?

Han fallado o no han rayado al nivel indiscutible vendido por la prensa poco exigentes, unos cuantos estos últimos años: Del Piero, Totti, Rui Costa, Verón, Figo, Deco, Riquelme y como colmo, Beckham, el máximo engaño mediático en cuanto al arte del fútbol. Sin olvidar a ciertos nombres sobrevalorados como Raúl.

¿Quién nos quedará, tras la marcha de Zidane para organizar el ballet del fútbol, para repartir clase, elegancia, estilo y arte, para ofrecer un oasis de creación en un latifundio de destrucción masiva?

Esperemos con fuerza que se revelen por fin, que salgan de su escondite, que se libren del fútbol de sistemas, que se liberen del fútbol destructivo, los escasos jugadores ávidos de libertad y de creatividad. ¿Ronaldinho? ¿D´Alessandro? ¿Robinho? ¿Diego? ¿Aimar?

¿Dónde están? ¿Quiénes son?

El engaño de las giras de los grandes

El fútbol moderno parece haber encontrado la panacea en las giras asiáticas o americanas. Parece una novedad, como el descubrimiento de América. Pero en los años 30 y 40, eran los sudamericanos que exhibían su bonito fútbol en Europa, River, Boca, Vasco de Gama, Peñarol, Flamengo, etc... Luego el Santos de Pelé, Gilmar, Coutinho, Pepé, Dorval o Mengalvio giró alrededor del mundo, de África a Asia, pasando por las Américas y Europa, durante quince años. El Stade de Reims visitaba a menudo las Antípodas, las Antillas o África. El Real Madrid de Di Stéfano y el Barcelona de Kubala, también enseñaban su bonito fútbol en Sudamérica, en África o demás lugares exóticos.

Allí estos grandes clubes cobraban por el espectáculo de su fútbol clásico y el arte de sus jugadores estrellas.

Hoy, los gerentes de las arcas de los clubes del fútbol moderno, Manchester, Milán, Madrid, Barcelona, Liverpool, etc., han vuelto a la moda de la gira asiática o americana. Pero hay una gran diferencia.

Ganan mucho dinero en estos viajes ultramar -obviamente eligen países aún ricos- pero a cambio de nada, o casi nada, a cambio de caras, autógrafos y camisetas de escasos buenos jugadores y de escasísimas estrellas y, sobre todo, no enseñan nada del bonito fútbol que uno espera ver cuando recibe a los presuntos cracks o a los presuntos mejores equipos del mundo. No ofrecen casi nada de espectáculo a cambio de muchísimo dinero.

A este ritmo, estas giras, agotadoras y engañadoras, acabarán pronto con la paciencia de públicos y patrocinadores exóticos, que aún creen en el espectáculo del juego de fútbol y de sus artistas, como los niños que ven y creen en la genialidad de los Harlem Globetrotters. Ellos no engañan. Dan mucho espectáculo a cambio de poco.

La vida solitaria de los técnicos de fútbol

Durante varios momentos de nuestras vidas, nos sentimos muy solos. Podemos estar rodeados de personas o amigos, pero, estamos en la más completa soledad, como si no había nadie a nuestro lado, ni para intercambiar una palabra. En fútbol esa es siempre la situación de los entrenadores.

La vida solitaria del técnico comienza cuando tiene que elegir los 11 jugadores que entrarán en campo. Por más que él tenga ayudantes va a llegar un momento de la semana en el que se quedará sólo para hacer la alineación. Él debe pensar quién va a jugar, qué alternativas tendrá en el banco y finalmente cómo tendrá que encarar a los no convocados. En esa situación, debe ser solitario para escapar de todos los pálpitos que oye durante la semana.

En el partido, la soledad aumenta. Durante 90 minutos, hacer un cambio, hacer que se gane o pierda, está en sus manos, o mejor dicho, en sus ideas. Otro momento de profunda soledad para los entrenadores está al final del partido, principalmente tras las derrotas. Caen en la figura del técnico todas las posibles explicaciones del fracaso. Si el equipo gana, el técnico se queda en el olvido. En ese caso, la victoria es de los jugadores.

Además, si para los jugadores, el partido acaba con el pitido final del árbitro, para un entrenador, continua un buen tiempo. Solitariamente, él repasa y pasa un largo momento pensando en el partido, en sus decisiones y lo que tendrá que cambiar para el próximo.

Aislándose, muchos entrenadores dieron la imagen de personas prepotentes. Como viven en solitario, piensan que sólo existe una manera de comprender el fútbol. Se vuelven "dueños de la verdad". Talvez sea por eso que todo técnico sea considerado temeroso. Aunque los hechos confirman que está equivocado, él mantiene su idea, en la esperanza de que si aparece el resultado favorable, él podrá conmemorar su victoria -aunque de forma solitaria.

Todo entrenador de fútbol es una persona solitaria, pues sabe que no puede ni contar con el apoyo de sus "amigos" de profesión. Todo técnico sabe que a cualquier momento puede ser substituido por un "colega". Los técnicos son tan desconfiados y acostumbrados a trabajar solos que casí todas las tentativas de formar una comisión técnica de dos o más entrenadores, han sido fracasos.

En el fútbol, nadie vive tan rodeado y a la vez nadie vive tan solitario, como el entrenador.

Correr es de idiotas

Entre los 60 y los 70, desde cuando tenemos datos fehacientes en cuanto a medidas, estadísticas, los jugadores de fútbol "corrían" entre 5 y 7 kilómetros, por partido. Pero se decía "¡qué tontos, corriendo tanto los 90 minutos, en una tarde a pleno sol!..." Era, como dicen los "expertos" y periodistas del fútbol moderno, cuando se jugaba en cámara lenta y en blanco y negro.

En el siglo de la tecnología más moderna, en el siglo XXI, los corredores del fútbol moderno corren, ahora sí que corren, el doble de kilómetros... entre 12 y 14 kilómetros. Y gracias a ese doble esfuerzo, obtenido por los progresos de la ciencia moderna y los discursos de los charlatanes de la táctica y estrategia, se llega a marcar dos veces menos goles que en los 60 y 70... Todo un éxito.

Más se corre, menos goles se marcan... Obviamente porque más se corre, más se marca... al contrario. No paran de marcarse... ¿marcarse goles? No... marcarse entre ellos para que nadie haga gol... ningún gol... y están a punto de conseguirlo.

Los estrategas del fútbol moderno están buscando fórmulas para correr aún más, para que los cuerpos aguanten mejor el esfuerzo de correr unos 15 a 18 kilómetros en 90 minutos, para que así puedan cubrir más huecos, marcar más al contrario y llegar a la máxima expresión del objetivo de la carrera en el fútbol: no marcar goles.

Y creemos que para llegar a ese objetivo, los actores del fútbol business, jugadores incluidos, cerrarán los ojos sobre ciertas prácticas ocultas de los artificios de la ciencia dicha "moderna".

Así se habrá llegado al resultado final: que todos los partidos del planeta terminen en un 0 a 0... la perfecta expresión de la nulidad.

Golazo a balón parado

No es nuevo, bueno algo más de 20 años, cuando Platini nos acostumbró a goles de faltas directas y que se entrenaba con "forza" cámaras como testigos ante maniquís masculinos y pasivos.

Hoy aún se admiran los cada vez más escasos goles de Roberto Carlos quien dispara a 120 por hora en la barrera de 8 valientes esperando que uno se aparte o la toque ligeramente - muchos no miran y rezan para que el balazo no les toque la cara u otras joyas muy aprovechables para el resto de su vida.

Hace unos años, Khan, portero del Bayern, ante estos remates violentos, viciosos o traidores, que no ve llegar, que tocan un compañero y entran del otro lado, anunció que quitaría la famosa barrera, artilugio arquitectónico del fútbol moderno y que entonces se enfrentará al peligro solo pero a armas iguales. Khan tenía razón, los habría parados casi todos, pero no cumplió con su promesa. Promesa muy caballeresca y digna de admiración, este mano a mano entre el arquero y el rematador, que hoy escondido detrás del muro engaña a un ciego. Tenemos que demistificar la palabra golazo para tales goles a balón parado...

La ventaja de esta nueva jugada del fútbol moderno está por un lado justamente del lado del rematador, pero por otro lado condena injustamente el portero a la desgracia, al ridículo, a la ira del hincha y a la crítica periodística. La barrera de protección es más una trampa fatal que una salvación. El pobre portero, que no tiene culpa de la falta cometida por su defensa, no ve nada y si, como una fragata en busca de su presa, vuela con gran belleza hacia la pelota, un compañero... ¡vaya compañero!... se la desvía al otro lado y lo deja en ridícula evidencia, tendido al suelo a 5 metros de la pelota. Además instantes después, tiene que luchar entre en las mallas para recuperar la maldita pelota y dársela al contrario para que le meta otro gol.

El gol de falta directa es injusto para el portero y no se le puede calificar de bello o de golazo. Es un producto de la escasez creativa ofensivo, colectiva e individual, del fútbol moderno. Por eso nació o despegó a través de los goles de Platini... en Italia.
Fuente: Jean Pierre Bonenfant

El crack

¿Qué es ser un crack? Existen varias definiciones: él que ve antes la jugada; el que piensa antes de los demás; el que sorprende al adversario y al público, etc. Esa creatividad no se enseña, pero se puede aprender a usarla.

Otros creen que el crack es el que ejecuta bien todos los fundamentos del puesto: el pase, la anticipación, la finalización, el regate, el pase largo, la participación colectiva, la velocidad, etc... Esos fundamentos pueden ser a lo mínimo mejorados con mucho entrenamiento.

Los psicólogos recuerdan con razón que es preciso también tener valentía, determinación, autoconfianza, carisma, disciplina, etc.

Los místicos dicen que el crack fue escogido por los dioses.

Algunos aficionados dicen que los comentaristas se cargan muchos futuros cracks con elogios excesivos antes de la hora. Es verdad. El crack, como todo ídolo, es la proyección de nuestro ideal, de la gloria que no tuvimos, el sueño infantil de salir driblando todo el mundo y hacer un gol.

Vamos dejar de blablabla, definiciones, afirmaciones...

EL CRACK NO SE EXPLICA, SE ES.

Escrito por Tostao.

Ronaldo es gol

Fenómeno. En el diccionario, lo que es raro y sorprendente, todo lo que se observa en el atmósfera o en el cielo. Ronaldo es un fenómeno en la tierra. Ronaldo cambió el diccionario.

Niño prodigio. Tetracampeón mundial en 1994. Convulsiones. Subcampeón en 1998. Cirugía. Vuelta. Trauma. Choque. Sufrimiento. Nueva cirugía. Recuperación. Incógnita. Vuelta. 2002. Copa del Mundo. Goles. Pentacampeón.

Ronaldo es más que un fenómeno. Es un caso raro. Su carrera ya viajó del cielo al infierno. Hasta llegar al paraíso. Al final, el lugar del crack es en el paraíso.

Perdió su explosión. No tiene tanta movilidad. Pero ganó una visión de gol única. Entró en el selecto grupo de los mejores jugadores del mundo. Implacable.

Es imposible definir a Ronaldo. Es un iluminado. Es fiesta, es sueño. Es un crack, es una fiera.

Es especial. Ronaldo es el gol.
Fuente: Ricardo Zanei

Romário y la samba

El establishment opina que Romário es un mal ejemplo por su forma original de comportarse y entrenarse, pues alguna vez no es puntual al trabajo o no acepta las torturas físicas, porque se acostó pronto por la mañana después de haber bailado la samba toda la noche con estrellas tropicales en bella forma física.

O bien, estos espíritus cortos o conformistas son celosos...que intenten bailar samba toda la noche y luego ir al trabajo o jugar un partido oficial y marcar goles decisivos y de bella factura.

O bien dichos pensadores de butacas y tertulias, exageran el comportamiento extravagante de Romário, para complacer el pensamiento oficial: respetar el "profesionalismo" y curvar la espalda a la disciplina militar del trabajo del fútbol moderno.

Sacrificando Romário en el altar del "profesionalismo" y del pensamiento oficial, Brasil habrá posiblemente perdido dos títulos en dos años: el Mundial de Francia 1998 -en las previas, la famosa dupla Ro-Ro (Ronaldo-Romário) marca más goles que nunca, y Romário se había recuperado antes de que saliera la Seleçao rumbo a Francia- y el Torneo Olímpico de Sydney 2000.

Romário no cumple con un compromiso de trabajador, verdad. O a su manera -siempre se entrena, baila samba y está en forma óptima para lo que se le exige: hacer goles con la marca "Romário" para el espectáculo y la emoción.

Sí que Romário cumple con su compromiso de goleador y artista extravagante, verdad.

Las dos concepciones son para elecciones. La elección de Romário, o su peculiar compromiso, le permite seguir en lo alto del universo artístico del fútbol espectáculo, que al final es lo que cuenta o ¿no?...

Para que siga en la cumbre del gol y de la fantasía (resultados incluidos)... Que Romário siga bailando samba las noches que quiera. Más que probablemente (ya van saliendo estudios y voces), la samba nocturna es un mejor entrenamiento que los duros programas estándar y sin matices de entrenamiento físico de los grandes clubes, los cuales provocan más lesiones que los propios partidos. Romário nunca se lesioná bailando samba, pero sí entrenándose.
Fuente: Jean Pierre Bonenfant

Las cinco cabezas

Los grandes equipos que han escrito la historia del fútbol tienen un nombre asociado, sinónimo de buen fútbol, espectáculo y resultados: el Ajax y la Holanda de Cruyff, el Madrid de Di Stefano, el Santos y el Brasil de Pelé, el Bayern y la Alemania de Beckenbauer, la Argentina de Maradona, el Liverpool de Keegan, el Honved y la Hungria de Puskas e Hidegkuti, el Milan de Gullit y Van Basten, el Manchester de Charlton y Best, el Marsella de Skoblar y Magnusson, etc ... Injustamente, tratándose de un juego colectivo, sólo un nombre o dos por equipo han pasado a la historia, cuando media docena lo merecen.

Sin embargo, hay un caso muy peculiar: la reunión en un mismo equipo, de cinco estrellas, cinco cabezas, cinco creadores, todos media-puntas de sus respectivos clubes. Pelé, el numero 10, la cabeza del Santos, Rivelino, el nº 10, la cabeza del Corinthians, Tostão, el 10, la cabeza del Cruzeiro, Gerson, 10 y cabeza del São Paulo y, por fin, Jairzinho, el creador, el nº 10 y la cabeza del Botafogo.

Tanto Saldanha y luego Zagalo, los seleccionadores sucesivos de Brasil 1970, tuvieron y mantuvieron, contra vientos y mareas, la idea de juntar por primera vez en la historia a cinco nº 10 en el once titular. Muchos recelosos del fútbol arte, del espectáculo, amigos del fútbol realista de resultados, son aterrorizados cuando hay un artista, un genio, un nº 10, una cabeza, en su equipo. Entonces cuando hay 5 camisetas nº 10, cinco cabezas juntas en campo, imagínense como se multiplican las críticas a esta bella idea de juntar los mejores, los más creativos y espectaculares, aunque ocupen el mismo puesto y papel en sus clubes.

Así que Rivelino hizo de extremo izquierda, Jairzinho de extremo derecha, Gerson de media-punta, Pelé de otra media punta y Tostão de delantero centro. Las cinco cabezas se completaron y comunicaron tan bien, desde sus experiencias de fútbol creativo e inteligente en sus respectivos clubes, que el Brasil 1970 dominó este mundial de México, de piernas y ... cabezas. Brasil ganó la Copa del Mundo 1970, porque tenía cinco cabezas, y no una sola, o ninguna, como la Italia finalista - que tenía dos cabezas, Mazzola y Rivera - pero nunca se juntaron en campo ...

Dos cabezas juntas en el campo, para Italia, era un sacrilegio, una ofensa a la cultura del realismo, al "catenaccio", al resultadismo. Las cinco cabezas de Brasil se encargaron de castigar a la única cabeza de Italia, Mazzola ... mientras pensaba Rivera en el banquillo: 4-1. Una de las ejemplares victorias del juego inteligente, de la inteligencia del juego. Prueba que existe esta manera de jugar, con cabezas... muchas cabezas.