Sandor Kocsis

Son pocos los aficionados que hoy recuerdan la camada de genios que dio Hungría en los años 50. De aquellos hombres a los que el mundo admiró en el Mundial de Suiza destacan principalmente dos, uno de ellos fue Puskas, el otro Kocsis.

En 1948, con 19 años, debutó en el Ferencvaros ganando el Campeonato Húngaro. Un año más tarde se convirtió en internacional, formando parte de los magiares mágicos de la primera mitad de la década de los 50. Kocsis fue el máximo goleador de la Liga Húngara en 1951 (30 goles), 1952 (36) y 1954 (33).

Durante ese tiempo marcó 75 tantos en 68 partidos con la selección, incluyendo siete hat-tricks, récord que sólo ha podido igualar el mítico Pelé. 11 dianas le convirtieron en el máximo goleador del Mundial de Suiza de 1954, en el que los húngaros eran los claros favoritos, aunque perdieron la final, de forma sorprendente, ante Alemania (2-3), a la que habían goleado (8-3, con 4 goles de Kocsis) en el grupo clasificatorio de octavos de final.

Aquel equipo húngaro era una auténtica maravilla. Para muchos, la mejor selección nacional de la historia. En 1952, se había proclamado campeona olímpica. Estuvo imbatida durante más de cuatro años o, lo que es lo mismo, venció en 31 partidos consecutivos.

Sin embargo, ese gran grupo se rompió tras la invasión de Hungría por las tropas soviéticas, en octubre de 1956, forzando a la mayoría a abandonar su país. Kocsis se fue a Viena, posteriormente estuvo unos meses en Suiza, como entrenador-jugador del Young Fellows y finalmente firmó en 1958 por el FC Barcelona, al que llegó con 29 años, y donde ejerció su maestría futbolística hasta 1966, disputando 194 partidos, marcando 140 goles y formando unas de las mejores delanteras de la historia del fútbol mundial: Ladislao Kubala, Luis Suárez, Mario Evaristo, Sandor Kocsis y Zoltan Czibor. Con el Barça, ganaría dos Ligas, dos Copas del Generalísimo y dos Copas de Ferias, además de llegar con el club a su primera final de Copa de Europa en 1961, perdida contra el Benfica en la maldita final de los postes en Berna.

Sandor Kocsis rara vez oía su apellido sin ir seguido de la palabra gol. Kocsis era un maestro en el remate de cabeza. Los periodistas le bautizaron como el hombre de la cabeza de oro. Era fácil jugar con él. Bastaba con bombear balones al área. Kocsis hacía el resto. De todos los delanteros de la historia, probablemente ninguno fue tan eficaz en el remate aereo como él.
Fuentes: Univision / Don Balón