Marinho Chagas: el hippie de Natal

En la turística "ciudad del sol" -Natal-, regada por el río Potengi, con playas de ensueño, y capital del norestino Rio Grande do Norte, Maria de Deus Marinho y Pedro Tomás Filho tenían dificultades para mantener la casa, pues se excedieron en procrear nueve niños. Además esos padres sufrieron de la insistencia de seis de ellos en hacer del fútbol su futuro profesional. De esta media docena, el más obstinado en ser pelotero era el rubio Francisco das Chagas Marinho, nacido el 8 de febrero de 1952. Y fue justamente el único futbolista de esa familia en conseguirlo. Tanto que, en prejuicio de los estudios, el chaval apareció ya como un eximio crack en el fútbol sala, del cual heredó un chut preciso y potente con los dos pies. Fuera del pabellón, también jugaba como delantero centro en el campo de Areado, en un barrizal del barrio de Passo da Pátria, donde creció. De allí, en 1969, el adolescente Marinho Chagas fue llevado por Zumba, otro jugador de la calle, para hacer un ensayo en el Riachuelo Atlético Clube, equipo ayudado por la Marina de Guerra y que disputaba -como máximo- la cuarta plaza en el Campeonato Norte-rio-grandense.

Tras el ensayo, el estreno del novato del Riachuelo se programaba para un amistoso contra el equipo amateur suburbano del Palmeiras das Rocas. Sólo que, sabiendo eso, el lateral izquierdo Pedro Paulo -la mayor estrella del club- rechazó jugar contra los jugadores duros de ese barrio palmeirense. Y se improvisó hacer jugar Marinho Chagas en su sitio, de donde salió el mejor jugador en campo, apoderándose así del puesto que le consagraría. Y en ese año de 1969, con el Riachuelo, él se revelaría un lateral diferente, osando mucho, tácticamente insubordinado. Ignoraba el extremo derecho adversario, veloz como un rayo, iba subiendo, subiendo, como un verdadero atacante o un apoyador, haciéndolo con notable habilidad y técnica, hasta genialidad.

A pesar de esas transgresiones, despertó el interés del alvinegro ABC Futebol Clube, subcampeón de esta temporada. Se materializó una propuesta al equipo naval para adquirirle y el atacante William, con la renta de un amistoso entre las dos asociaciones. Pero, el día convenido, llovió tanto que se anuló el partido y el negocio se cerró con el pago por el ABC de Natal al Riachuelo de 10 pares de botas para ambos jugadores. Y ya en 1970, en este nuevo club Marinho Chagas conquistaría su primero -y único- título del certamen del estado de Rio Grande do Norte.

Su excentricidad no era sólo táctica. Fuera del campo, Marinho también se diferenciaba por camisas y pantalones de colores vivos, pulsera y mechas rubias en la espalda, era fan del sonido de los Beatles y Rolling Stones, llevaba coches llamativos y una vida extravagante en los bares y cabarets de Natal, ciudad que en la época sólo tenía 200 mil habitantes. Entretanto, su fútbol superaba los prejuicios y era tolerado como un hippie, como decían. Lejos de esas consideraciones, el Clube Náutico Capibaribe de Recife, se lo llevó para que brillase en el Campeonato de Pernambuco de 1971.

En la capital de Pernambuco, donde se quedó hasta mediados del año siguiente, el "hippie" reeditará las actuaciones y la bohemia. Sin embargo, su desempeño en lo futbolístico -además del eco del Náutico de esa época a nivel nacional-, fue tal que los medios deportivos brasileños lo acogieron como un crack. En consecuencia de que el Botafogo de Futebol e Regatas lo compró al "Timbu" de Recife para que se estrenara en septiembre del 72, contra el Santos de Pelé. Aquel partido sería decisivo para el chaval de 20 años, pues firmó -al tirar una falta con un precisión increíble- el gol que valió el empate 1 a 1. Todavía, después del mismo confronto, el ingenuo Marinho dejó una perla de pretensión: "Yo creo que soy el mejor. No es un farol, soy el jugador idóneo para jugar ese tipo de partido y estaría mintiendo a mí mismo si dijera otra cosa".

A pesar de pasar por un tipo raro por esas frases desastrosas, de ser mal visto por su vida nocturna y hasta por sus carreras en ataque, en poco tiempo se afirmó en el blanquinegro carioca. En seguida se escuchó que Marinho era el sucesor de Nilton Santos -que Brasil echaba en falta desde 1964, cuando la "Enciclopedia del Fútbol" encerró su carrera. En el mismo año 1972, el nuevo astro fue premiado por la revista Placar con el trofeo "Bola de Prata" -y repitió el año siguiente. Así se hizo Chagas ídolo de un Botafogo prácticamente reducido a su brillo y el de Brito y Jairzinho. Tanto que, sólo siete meses después de llegar a Río, el 25 de junio del 73, de la mano de Mário Jorge Lobo Zagallo, el técnico de Brasil, Marinho vestiría la camiseta de la seleção en un partido amistoso contra Suecia. A partir de ese estreno, se acostumbraría a llevar la canarinha.

No obstante, el Mundial de 1974, en Alemania, que debía ser su momento de gloria, le dejó un gusto amargo. En los seis primeros partidos de Brasil -inclusive el de la derrota contra Holanda-, Marinho fue considerado por la prensa especializada como el lateral izquierdo del torneo. Pero en el último partido, subiendo al ataque, perdió la pelota, permitiendo el polaco Lato -a quién tenía que controlar- hacer el gol que privaba Brasil del honor compensatorio de ser el tercero mejor seleccionado de dicho Mundial. Marinho fue abominado hasta por su compañero, el portero Leão. Pero, y por ironía, el lateral del blanquinegro carioca fue el único brasileño alineado por los expertos internacionales en la selección del Mundial. Acontece...

Tras la amargura del partido contra Polonia, el del Botafogo, volvería a la selección sólo en febrero del 76, cuando disputó -a parte de amistosos y copas contra argentinos y uruguayos- el Torneo del Bicentenario de los Estados Unidos, del cual los brasileños salieron vencedores, siendo este el único título de Marinho Chagas para el país. En 1977, volvió a la selección para las eliminatorias del Mundial del 78. Y se despidió de Brasil el 26 de julio, contabilizando 37 partidos, de los cuales 25 victorias, un excelente balance. Después del adiós, Marinho Chagas se va al Fluminense, y sin el mismo pulmón de otrora, cumpliría sin éxito 93 partidos con 39 tantos. Pero en 1978, al conocer una reflexión de su compañero en el Flu, Edinho, que decía que era "un lateral descolgado", el de Natal se enfadó y aceptó una propuesta del Cosmos, donde, en 1979 encantaría a los neoyorquinos. Al año siguiente, el "hippie" de Natal actuó para otro equipo norteamericano, el Strikers, hasta que, nostálgico de los bares y las noches y de las mujeres brasileñas, firmó para el São Paulo Futebol Clube -equipo donde, imitando Fénix, resurgiría de sus cenizas.

Cuando no se esperaba más que Marinho volvería a ofrecer su magnífico estilo de lateral atacante y apoyador, es él que da al los de São Paulo el Campeonato Paulista de 1981. Y la consecuencia fue para Chagas una Bola de Prata más de la revista Placar. En el estadio Morumbi, ya sin la velocidad de antes, pero técnicamente refinado y con experiencia, el famoso crack rubio, se quedaría hasta 1984, cuando compró su propio pase al club paulista en la vana esperanza de alquilar su arte a un famoso equipo del exterior. Pero sólo pudo caer entre las manos del omnipotente Castor de Andrade del Bangu carioca, donde Marinho actuaría sin brillar en 1985. Luego, en la senda de los clásicos intercambios y cesiones de fin de carrera, pasaría por el Fortaleza del Ceará, el América de Natal, el Harlekin Augsburg alemán y el modesto Heit de Estados Unidos, donde colgó las botas, en 1987, a los 35 años.

El artista aún quiso ser técnico, pero la disciplina fue un obstáculo. E, invirtiendo lo que ahorró en un albergue, en barcas de alquiler en la playa de Natal y en inmuebles, el crack tiene suficiente para vivir bien. Sin embargo su mayor riqueza, es la certeza que tiene de haber contribuido enormemente para el fútbol-arte brasileño. Además, todos sabemos, ante las innumerables subidas de los laterales modernos, que estas carreras son su marca imborrable, la de Francisco das Chagas Marinho, el "hippie" de Natal, un diestro que jugaba por la izquierda.
Fuente: Antonio Falcao