Tim: el peón de Brasil

En el mapa paulista de 1916, la ciudad de Rifaina casi ni aparecía con sus tan sólo 500 almas -un latifundio crecido con sus rebaños de vacas lecheras en el corral y sin ninguna perspectiva para su población mayor que el sólo horizonte. La compañía ferroviaria Mogiana mandó por allí el jefe de estación Vargas Lima, marido de Tereza Granato, quien el 20 de febrero de este año parió el único hijo de la pareja: Elba de Pádua Lima -Tim-, que se impondría como crack artístico y estratega de fútbol. Vargas Lima adoraba leer historia y geografía y por eso bautizaría su niño con ese nombre de la isla italiana donde fue exiliado Napoleón Bonaparte.

Si la situación de la familia ya no era buena, con la muerte del ferroviario Vargas Lima, empeoró. Y falleció el día que el niño cumplió 7 años, y Tereza, de linaje italiano y con cinco hijos menores -Tim y sus cuatro hermanas-, hacía milagros de callos para criar su progenitura.


Pero no pudo impedir que el hijo se fugara de casa para jugar partidillos, donde pasó de Ti (nombre doméstico) a Tima. A los 12 años, se estrenó en el infantil del Botafogo Futebol Clube, de Ribeirão Preto. Su toque le llevó al primer equipo en 1931. Tres años después, la Portuguesa de Santos hizo del frágil chaval su medio izquierdo. Y en la ciudad de Santos, vio el mar -cosa de la naturaleza que encanta a los del interior, también.


Más encantada se quedaría la torcida al verlo en el certamen estatal paulista, abriendo defensas con dribles increíbles. Y el combinado de São Paulo lo convocó en 1935 para vencer el Campeonato Nacional de Selecciones Estatales. Jugar el Campeonato Sudamericano del 36, en Buenos Aires, fue entonces sólo un paso. La prensa argentina, viendo en él el cerebro de la selección brasileña, le daría el mote de "El Peón", ya que en la vida rural es el peón que controla y conduce el rebaño en las pampas.


Sin embargo, melancólico de su casa, Tim se fue de la Portuguesa de Santos para volver al Botafogo de Ribeirão. Pero no quedaría en el interior mucho tiempo, pues el Fluminense carioca le hizo una propuesta financiera irrechazable. Y durante casi 8 años -al lado de Romeu Pellicciari- Elba de Pádua Lima sería una de las estrellas más brillantes de la constelació
n del club tricolor de las Laranjeiras.

Con esa luz, en 1938, Tim dio al Flu el tricampeonato de Río de Janeiro. Y se fue al Mundial de Francia, donde sólo disputó el desempate contra los checos, vencidos por Brasil para el encanto de los franceses de Bordeaux. Según Leônidas da Silva, en Francia, él se lo ganaba también en la concentración, yéndose de fiesta por la ventana. Pero, Tim no pudo con el boicot de Ademar Pimenta, técnico del Botafogo carioca y de esa selección brasileña. Lo tenía claro en los entrenamientos, Pimenta estimulando a los defensas a pararlo a toda costa, para así permitir al blanco y negro botafoguense Perácio jugar el Mundial. En el campo de las Laranjeiras, Tim sería aún bicampeón carioca en 1941, donde por última vez el seleccionado brasileño le fue a buscar el año siguiente. En 1944, con el Fluminense en un lugar de privilegio, se mudó al
São Paulo Futebol Clube.

En São Paulo, Tim sólo jugó una temporada, cambiando esta vez para el Botafogo de Río, en cual se quedó hasta el 1947, cuando apareció en el Olaria como jugador-entrenador. En esa función actuó dos años en el Botafogo paulista y, hasta 1951, en el Atlético Junior de Barranquilla colombiano, en compañía de Heleno de Freitas, enfrentándose a otros sudamericanos como los argentinos Di Stéfano, Pedernera y Nestor Rossi del Millonarios de Bogotá.


De vuelta a Brasil, el técnico Tim de hecho confirmó su apodo de "El Peón": fue el mayor estratega del fútbol brasileño. Para que le entiendan, exponía su táctica mostrando posicionamiento con un equipo de botones y colores. Era más fácilmente entendido y aceptado por el grupo. Otra de sus características era tratar el jugador con respeto, sin alzar la vo
z, y así imponerse con una autoridad democrática -exactamente el opuesto de ciertos entrenadores que tuvo cuando jugaba.

Elba de Pádua Lima dirigió equipos en el exterior del País. Entre ellos, además de la selección peruana en el Mundial del 82, el San Lorenzo argentino, la selección carioca y los buenos clubes de Rio. En Moça Bonita, tuvo la sensación de apreciar que en la ciudad paulista de Bauru irradiaba el mayor astro de la bola en el mundo: Pelé. Y Tim lo quiso llevar al Bangu, pero la familia del futuro Rey lo impidió. Como técnico, Elba tenía sus momentos de ironía. Un día, pasando el peine de candidaturas, un muchacho le vino diciendo para agradar: "No bebo, no fumo ni hago fiesta". Y el de Rifaina: "Pues usted aquí aprenderá a hacer todo esto". Aunque no le gustara hablar de los colegas, firmó una frase que define con acidez el jugador que el técnico Zezé Moreira había sido: "Zezé cabeceaba con los pies". Otra del escritor Luiz Edu
ardo Lages: tras haber oído alguien decir que en el estadio había vallas y vestuarios, "El Peón" preguntó: "¿Y hierba, tiene?". Cuando tuvo la confirmación, la bordó: "Es lo único que necesitamos para jugar, el resto no interesa". Para Zizinho, Elba de Pádua Lima fue decididamente el mejor técnico que apareció en Brasil.

Ese entrenador también cautivaba los jugadores en la mesa, cocinando muy bien -habilidad que ejercía con el mismo arte del fútbol que jugó y enseñó. Alcanzó el arte culinario gracias a su proverbial timidez, que lo hacía huir de sus fans, quedándose en casa a ver a la madre y las hermanas preparar los suculentos manjares. Su secreto era el condimento. Tanto que hubo alguno que dijo que era mejor cocinero que crack o entrenador -una exageración desmesurada, obviamente.


Según los periodistas Marcos de Castro y João Máximo, "su mejor plato, entretanto, siguió siendo y por mucho tiempo, el fútbol, que servía cada domingo a la afición del Fluminense". Sí que fue notable con los pies. "El fútbol es parte de la historia particular de cada brasileño de nuestra época", decía el poeta y cronista Paulo Mendes Campos, que jamás renunció al derecho y al placer de soñar con ese deporte, "por fidelidad a la infancia y por fidelidad al inexplicable orgullo de ser brasileño". En el caso específico de "El Peón", su fútbol era tanto que Romeu Pellicciari -quien, decepcionado con la semifinal contra Italia en 1938-, reveló: "Si Tim hubiese jugado, habríamos ganado". Tres citaciones, por tanto, todas palabras firmadas de quienes saben de esas cosas - ¡y cómo!


Elba de Pádua Lima murió en Rio el 7 de julio de 1984. Sus legados al fútbol son la finta, la visión de juego y el pase preciso, además de la estrategia. La viuda heredó dos hijas. Y la historia cree a Domingos da Guia que afirmó: "Yo nunca vi a Tim fallar".
Fuente: Antonio Falcao