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El Olímpico de Munich

En el Estadio Olímpico de Munich, el "bombardero" marcó la mayoría de sus 68 goles con Alemania, hazaña de otros tiempos. El Olímpico fue testigo de muchos de sus títulos y goles con el Bayern de Munich, además de haber albergado el Munich 1860, el otro huésped del balompie de la ciudad olímpica en 1972. El 26 de mayo 1972, ante Rusia, Gerd Müller marcó su territorio. Era el partido inaugural y los 80.000 espectadores se aburrían, como en muchos partidos inaugurales, tras una media parte sin gol... ¡Al volver de los vestuarios, Müller marcó 4 en 15 minutos! 4-1 para Alemania...

El 10 de setiembre, el Olympiastadion acogía su primera gran final, la primera de una larga serie: la de los Juegos Olímpicos de 1972, con la victoria 2-1 de los geniales polacos Gorgon, Lubanski y Gadocha frente a Hungría, con dos goles del mítico Deyna.

A Deyna, como a Gerd Müller le gustaba el Olímpico, donde volvió dos años más tarde, para de nuevo encantar a los amantes del buen juego. Polonia terminaría tercera del Mundial de 1974, y ofreció, con la "Naranja Mecánica" de Johan Cruyff, el mejor juego, firmado Tomaszewski, Kasperczak, Deyna, Lato ou Gadocha. Lato fue el mejor goleador de ese mundial, con 7 tantos marcados a Yugoslavia, Suecia, Italia o Argentina... y el de la tercera plaza contra el Brasil de Jairzinho, Rivelino, Dirceu o Luis Pereira. Llenazo en el Olímpico de Munich. 80.000 personas esperaban espectáculo entre el fútbol alegre y ofensivo polaco y el fútbol arte de Brasil, que confirmaba infelizmente ese día, estar en declive.

El anfitrión eliminó difícilmente a Polonia y se enfrentaría en la gran final al equipo naranja que jugaba como una máquina orquestada por las genialidades de Cruyff, asistido de Krol, Muhren, Rensenbrink o Rep, un grupo de amantes del buen fútbol que se estrelló cuando Cruyff entendió que no podría nada ante la firmeza de Vogts o Schwarzenbeck. Pero Alemania tenía grandes futbolistas, como Beckenbauer o Overath, además del soberbio Sepp Maier entre los palos, y como no, en punta, en ninguna parte o en todas a la vez... Gerd Müller quien marcaba en ese 7 de julio de 1974, su 4º gol del Mundial 74, tras sus 10 de la edicón de 1970, el de la victoria y del segundo título alemán.

En 1988, la "Mannschaft" fue eliminada por la "Naranja Mecánica" versión 2, la de Rijkaard, Gullit y Van Basten, en la semifinal de la Eurocopa, y los Países Bajos tuvieron el honor de ganar su único gran título en el Olímpico de Munich, el 25 de mayo, 2-0, contra la Rusia de Dasaev y Belanov, con goles de Gullit y Van Basten.

Dos finales de la Champions League, sin gran historia, sino la de haberse jugado en el Olympiastadion de Munich, vieron las victorias del Olympique de Marseille de Barthez, Desailly, Deschamps, Abedi Pelé y Voller, con gol de Basile Boli, sobre el Milan de Baresi, Rijkaard y Van Basten, el 26 de mayo 1993, y el 28 de mayo 1997, el Borussia Dortmund de Sammer y Chapuisat derrotó 3-1, a la Juventus de Del Piero, Deschamps, Vieri y Zidane.

El colosal Maracaná de Río

El Maracaná está amenazado de desaparición tras 57 años de trepidaciones de millones de torcedores en sus gradas con las consiguientes agresiones al cemento, algunas biológicas, vertidas por días de calor, sudor, sangre y de sed combatida con la fuerza del guaraná. Ante tal amenaza queda urgente contar la ilustre historia de dicho templo del futebol brasileño.

El parto es doloroso. Cuando en 1950 se inaugura el Maracaná, Brasil va a ganar su primer Mundial, seguro. En la final se enfrenta al mejor equipo de los años 20 a 40, Uruguay. Gol de Friaça a los 47 minutos, y los casi 200.000 espectadores hacen vibrar el cemento fresco. Está sin duda la primera Copa en Río por fin. Y se olvidan del inmenso talento de los Obdulio Varela, Schiaffino y Ghiggia. Es carnaval, felicidad, cerveza, cachaça y samba hasta el minuto 66 cuando empata Schiaffino y diez minutos más tarde, Ghiggia marca el gol victorioso.

Maracaná acaba de sufrir el "Maracanazo"... 200.000 espectadores, reyes del mundo en 20 minutos y casi 200 millones de Brasileños siguen sufriendo el Maracanazo 51 años más tarde. Barbosa, el magnífico y excelente portero de Brasil fue declarado culpable, gritó inocencia, pero Brasil lo condenó a perpetuidad, cuando la pena máxima legal es de 20 años. Barbosa cumplió casi 50 hasta su muerte en el 2000.

El primer gol marcado en el Maracaná fue una folha seca, obra maestra exclusiva de Didi, quien nos dejó en mayo del 2001. Desde entonces nadie repitó la obra. Didi, en tiros libres, le daba efecto con la punta al centro exacto del cuero y la pelota volaba, volaba, muy alto y se iba al cielo, pero en el último momento se caía en la portería como una hoja seca en el fin de su vuelo. Los porteros se quedaban siempre tranquilos ante la seguridad de que la pelota se iba por los aires, y terminaban recogiendo folhas secas cada domingo.

En el Maracaná, en 1969, Pelé marcó su gol nº 1.000. El domingo anterior en Salvador de Bahia, los 100.000 bahianos del Fonte Nova eran hinchas de Santos y Pele, deseando la derrota del Bahia al final del partido para festejar ellos el gol 1.000 de Pelé. No pudo ser y Maracaná fue el escenario mítico de otra obra mítica, Andrade, el portero del Vasco de Gama, todo el Vasco, y 125.000 espectadores invitados de lujo a la fiesta del fútbol, y el gol 1.000...de Pelé.
Fuente: Jean Pierre Bonenfant

El Colombes de París

El estadio parisino de Colombes es todo un símbolo del deporte francés, de sus dos deportes más populares, el fútbol y el rugby, pero allí también Paavo Nurmi y Michel Jazy ganarón medallas olímpicas o inscribieron plusmarcas en la pista ceniza más veloz del atletismo moderno antes de la aparición de las sintéticas. El estadio de Colombes es inaugurado por y para Le matin, gran periódico francés, en 1907, para que el parisino practique o vea deporte en su Domingo de descanso recién instaurado. En 1924, Colombes recibe la Olimpíada y nace al fútbol gracias en gran parte a Uruguay y a Andrade... El estadio Centenario de Montevideo, aún trata hoy su tribuna Colombes como un monumento histórico.

Andrade era el creador y organizador negro del juego invencible del Uruguay de los años 20 y 30, dos títulos olímpicos de 1924 y 1928 y el primer Mundial de 1930. Es la primera vez que el público francés y los periodistas de Le Matin o l'Auto, futuro l'Équipe, ven un jugador negro jugar al fútbol. Además, juega muy bien, muy artísticamente, elegantemente, y encima gana. Lo llamarán "Maravilla Negra", calificativo noble y riquísimo junto a la negritud. Y Colombes y París le adoptaron. Se quedó unos años para animar y vivir las noches locas de las années folles (los años locos) de París de entreguerras.

El Racing Club de France animaba las bellas tardes parisinas de fútbol, de rugby y de atletismo en el estadio de Colombes, que vivía al ritmo irreflexivo del arte y deporte estos años locos, hasta que se depertaron tarde en 1938 cuando organizan el tercer Mundial de fútbol. La final entre la Italia de Mussolini y Hungría olía a la II Guerra Mundial unos meses más tarde, saludo fascista en la final de Colombes incluido, victoria italiana 4 a 2, sin resistencia de una Hungría ya casi invadida por Alemania, y los jugadores italianos habiendo recibido el famoso mensaje "vencer o morir". La amiga Alemania había por su parte eliminado, via anexión al mejor conjunto europeo de la época, Austria, el Wunderteam o Equipo Maravilla. En este Mundial de 1938, Colombes enloqueció de los dribles, artes y goles del "Diamante Negro" brasileño, Leônidas, que marcó cuatro goles en una histórica victoria 6-5 contra Polonia, uno de los cuales sin bota.

Tras la II Guerra Mundial, Colombes y el Racing volvieron a vivir inmensos placeres dominicales, pero ya no de tal forma universal, como las Olimpíadas o el Mundial de fútbol, sino a través de los duelos Racing-Reims, el clásico de finales de los años 50... Roger Marche y Thadée Cisowski por un lado, Just Fontaine y Raymond Kopa del otro, eran los actores de partidos con goles, espectáculo y 60.000 espectadores. En Colombes se disputaban las grandes finales de Copa de Francia y los famosos Francia-País de Gales o Inglaterra del Torneo de 5 naciones de rugby. El mítico ESTADIO DE COLOMBES está hoy a punto de desaparecer totalmente desde que en 1972 el Parc des Princes y en 1998 el Stade de France tomaron el relevo del espectáculo, pero sin goles y sin ensayos.

El da Luz de Lisboa

Había nacido en 1953 con este bello nombre. En los 60 y 70, en la época de Eusebio, Coluna, Torres, Costa Pereira, Simoes, se le hizo honor al nombre. El Estadio de la Luz llegó a ser el más grande de Europa en los 80 con 120.000 espectadores, gracias a la memoria de los goles y juego del gran Benfica de Eusebio. Se apagó la luz al paso de la evolución realista del fútbol europeo y del Benfica. En 1991, el estadio se ofrece una última noche luminosa, y bate su record de asistencia para la final del Mundial sub-20. La generación de oro de los Figo, João Pinto, Abel Xavier y Rui Costa vence a Brasil ante 127.000 espectadores.

Eusebio no debutó en su Estadio de la Luz de toda su vida. Eusebio debutó a toda luz, a los 19 años, en el verano 1961... en la ciudad de la Luz. Era el prestigioso torneo de París. El Racing Club de París invitaba entonces los Campeones de Europa y de América.

Santos dominaba Benfica 5-0 en la final, tras una hora de juego, con tres goles de Pelé... Eso era dominar entonces... El entrenador del Benfica, Gutman, se arriesga y lanza el joven Eusebio. A los cinco minutos marca su primer gol... a Gilmar, todo un campeón del mundo. No se lo cree el joven mozambiqueño. Quedan 25 minutos y Eusebio anota dos más... 5-3... Santos y Pelé resisten, incrédulos. Pelé anota su cuarto, y el torneo de París se lo lleva el Santos 6-3, con 4 goles de Pelé y 3 de Eusebio. Fútbol, artistas, espectáculo y goles, para los parisinos iluminados.

Estos 3 goles en la derrota contra el Santos y en un amistoso, son los que más recuerda Eusebio entre sus más de 700 en partidos oficiales. Ahora, Eusebio sería el goleador impenitente del gran Benfica de los años 60/70: 316 goles en 294 partidos de liga. En el estadio de la Luz, Eusebio fue entonces el PELÉ DE EUROPA. Balón de Oro en 1965, Bota de oro en 1968 y 1973. Goleador del Mundial 66 con 9 goles en 6 partidos. Con él en la delantera el Benfica ganó 16 títulos en 15 años, entre cuales la Copa de Europa 1962, 5-3 contra el gran Real Madrid y con dos goles decisivos de Eusebio.

El Maracaná bailaba con Pelé, el San Siro vibraba con Giuseppe Meazza y la belleza del Estadio de la Luz , era la de Eusebio, el Africano, la Pantera Negra. Se apagó la luz y derrumban el campo de juego de Eusebio.

El gran Azteca de México

Sólo un estadio coronó a los dos más grandes, un estadio luminoso que filtró la luz de los pases y gestos mágicos de los dos astros más brillantes de cien años de historia del fútbol de ese planeta. ¿Qué estadio puede presumir de tanta belleza, de tantas filigranas, de tantos arabescos, de tal felicidad?.... Pelé y Maradona. Pelé, el 21 de Junio 1970 y Maradona, el 29 de Junio de 1986.

A la vez el estadio más emblemático de la creatividad del fútbol universal maltrató a los tacaños en arte y belleza, a los calculadores. Nunca autorizó que ganaran los mezquinos que no honraban el buen juego y el arte del fútbol. Siempre castigó el juego rácano. Siempre premió el arte del fútbol, la magia, la sorpresa y la alegría.

En 1970, para buen juicio final, el estadio Azteca decidió una final Brasil-Italia, la belleza ofensiva y creativa contra la fealdad defensiva y destructiva. Los 120.000 espectadores enamorados de Brasil, un país hermano y un pueblo y un fútbol alegre, nunca dudaron: 4-1 GANÓ LA BELLEZA EN EL ESTADIO AZTECA.

En 1986, Argentina-Alemania. Otra vez el estadio Azteca decidía una final de géneros diferentes y premiaba la belleza ofreciendo la victoria del arte argentino de Maradona y castigando el fútbol rácano alemán de Matthaus, menos vistoso que el de los Beckenbauer, Overath, Maier, Seeler y Muller, infelices en 1970, en la prórroga más bónita de la historia ante Italia (3-2). 120.000 espectadores enamorados del hermano Maradona no dudaron: 3-2, GANÓ MARADONA A MATTHAUS EN EL ESTADIO AZTECA.

Este mismo año 86, no pudieron pisar el Azteca, otras dos grandes estrellas, por haberse enfrentados Brasil y Francia en cuartos, en un partido memorable, en el Jalisco de Guadalajara: Platini y Zico. Luego, en la semifinal, la Francia de Platini, Giresse, Tigana y Rocheteau caía ante Alemania, sin poder luchar. Habían jugado su final ante Brasil. El Azteca elige a pocos.

Mientras hoy en día, en el estadio del sol de los aztecas, juegan como locales América y Necaxa, sin muchas ilusiones de subir al olimpo, LA HISTORIA DEL ESTADIO AZTECA SÓLO ELIGIÓ A LOS DOS MÁS GRANDES. MARADONA Y PELÉ.

El Santiago Bernabéu de Madrid

121 partidos sin derrota, de 1957 a 1965, ocho años de Liga sin perder en casa: a eso asistieron los espectadores del Chamartín como se llamaba su mejor época, la de la gloria universal en blanco y negro.... mejor dicho el nuevo Chamartín. Nombre con cual se inauguró, en 1947, el estadio que hoy día en otra gran época de éxitos, estrellas y fútbol, se llama Estadio Santiago Bernabéu. Se venía a Chamartín a disfrutar del mejor fútbol de Europa, no a ver el Real Madrid ganar, que al final aburre.

Didí, Di Stéfano, Kopa, Puskas, Gento y una lista inagotable de grandes del fútbol pisaban cada semana, vestidos de blanco, el templo que más Copas de Europa e Intercontinentales puede lucir. Tras una época más oscura, cuando sólo en los 80 reaparecieron algunos buenos jugadores, como Michel, Hugo Sánchez o Butragueño, volvió la luz cuando los últimos grandes jugadores en pisar cada semana el césped histórico de Chamartín se llamaban Zidane o Ronaldo, intentando resucitar el pasado.

Numerosas estrellas tuvieron la oportunidad de ofrecer gran fútbol en el Santiago Bernabéu, en citas históricas... Sarti y Julinho, con la Fiorentina en la final de Copa de Europa del 57, aunque perdiendo 2-0, contra el Real Madrid, entonces ya mejor equipo de Europa. En el mismo escenario, Linazza, Cubilla y Spencer con el gran Peñarol de 1960, sufrieron un severo 5-1, en esta primera final Intercontinental, que ahora consagraba el mejor equipo del mundo. Pero, en 1966, pisando otra vez el Bernabéu, el soberbio Peñarol de Mazurkiewicz, Gonçálvez, Abbadie, Rocha y Spencer, repitió el 2-0 de la ida en Montevideo y se llevó su segunda Intercontinental del mismo centro de Madrid. El "viejo" delantero ecuatoriano Spencer, marcó 3 de los 4 goles de esta final.

En 1964, el Bernabéu acogía las semifinales y finales del Campeonato de Europa de Naciones, y 120.000 espectadores aplaudieron artes y regates de la última bella generación húngara: Sárosi, Bene, Fenyvesi y Florian Albert, aunque eliminados en semis. En la final, Iribar, Suárez y Amancio vencieron a la araña negra, Yashin y a Rusia, con una de las fotos más conocida del 2-1 victorioso de Marcelino, de la cabeza en vuelo, Yashin volando también en vano.

La historia del Bernabéu suena a una historia del fútbol clásico del siglo XX, pero en el siglo XXI, los 75.000 aficionados de este templo del fútbol clásico, han tenido el privilegio de aplaudir cada semana artes nuevas de Zidane o goles inéditos de Ronaldo, que suenan a jugadas del siglo pasado.... en color. Se cuenta que el más grande, Pelé, estuvo pretendido por Santiago Bernabéu, para tomar el relevo de Di Stéfano y Puskas, cuando estas estrellas se apagaban. No se hizo pero Pelé, sí que jugó una vez en el Bernabeu. Fue en 1959, para el homenaje de despedida a Miguel Múñoz, gran capitán de este mejor Real Madrid. Pelé, vino, convenció, marcó y perdió 5-3, y se fue para hacer del Santos el otro mejor equipo del mundo, en otro continente del bonito juego, en otro mítico estadio, el Maracaná.

El Sarrià de Barcelona

En este histórico campo del fútbol clásico, en el corazón de la ciudad de Barcelona, ofrecieron sus últimos artes del fútbol de ataque, Ladislao Kubala y Alfredo Di Stéfano. Los dos astros del Barcelona y del Real Madrid de los 50 ofrecieron sus últimos pases y goles a la afición del Real Club Deportivo Espanyol en el Estadio de la carretera de Sarrià, más conocido como Sarrià, en la década de los 60. Antes y después, otros nombres ilustres del planeta fútbol firmaron el libro de oro de este club centenario en 2000, en el césped del Sarrià: el Divino Zamora, Marcel Domingo y N´Kono, en la portería, Lauridsen, Solsona o Carlos Caszely en ataque.

En los 50 y 60, si se quería ver fútbol vistoso, se tenía que ir al campo de Sarriá para disfrutar. Muchos socios del Barça tenían también un carnet del Espanyol de Barcelona, que entonces era un grande de España, que era aspirante al preciado título de la mejor Liga española. En el Sarrià, ni el Real Madrid de Di Stéfano, Kopa, Gento y otros Puskas, ni el Barça de Kubala, Suárez, Kocsis y demás Czibor, cantaban victoria antes del final de partido o de la Liga. El quinteto ofensivo del Espanyol era compuesto de habilidosos, pequeños y alegres atacantes, Ré, Marcial, Rodilla, José María y Amas... Al Sarrià de esas dos décadas, los grandes le tenían gran respeto futbolístico.

En el Sarrià se disfrutó de uno de los cinco grandes partidos históricos de los mundiales, el Brasil-Italia de 1982, entre una de las más bellas selecciones de Brasil, sino la mejor, la de Sócrates, Zico, Junior, Cerezo, Dirceu, etc... y la realista Italia de Gentile y Rossi que convirtió sus únicas tres ocasiones en gol, mientras los artistas canarinhos desperdiciaban jugadas muy bellas y estéticas. El resultadismo ganó.

10 años más tarde, en la Olimpíada de Barcelona de 1992, en el Sarrià, los africanos de Ghana deleitaron por su fútbol novedoso, todavía sorprendente, lleno de jugadas inéditas en Europa. Y se llevaron la medalla de bronce, la primera de una serie que auguraba los sucesivos éxitos de Oro de Nigeria y Camerún en las Olimpíadas de 96 y 2000, y la llegada al máximo nivel mundial del fútbol africano, hasta que jueguen como los europeos.

El club Espanyol de Barcelona, tras una gran campaña, que terminó en desencanto en la final de la UEFA 1988, ahogado por las deudas del fútbol business de los 90 y de la tele, tuvo que arrancarse el corazón, la pasión y la emoción del buen fútbol de las bellas tardes de los domingos barceloneses, en el mismo corazón de la bella Barcelona, donde los periquitos cantaban los goles a pares. Vendió Sarrià para promociones inmobiliarias, en 1997. Con el derribo dramático del Estadio de Sarrià, tras 74 años de bella vida, se enterraba la idea de un escenario del fútbol espectáculo, y nacía la del estadio sin espectáculo, para la especulación, la del resultado y la de las inmobiliarias.

El Monumental de Buenos Aires

Buenos Aires, tango, Río de la Plata, millonarios, River Plate, danza, fútbol de lujo, belleza y elegancia... bellas palabras cuentan la historia del Estadio Monumental, incluso la disonante "Máquina". Como si la era industrial había querido proletarizar el club millonario River Plate, casando historia y fútbol, un juego nacido de Oxford y Cambridge pero muy rápidamente amado por el pueblo, la calle y los obreros, en particular en Argentina. Múñoz, Moreno, Loustau, Pedernera y Labruna eran los delanteros de la famosa "Máquina" del River Plate, maestro y huésped del césped del Estadio Monumental.

Habían nacido en barrios populares y esposaron la lujuría de los ricos burgueses, jugando en el Monumental el fútbol más elegante jamás visto, toque, artes del regate o de la pared y un bello ballet colectivo, como se entiende el fútbol en Argentina, elegante tango con guante... así se llamó la "Máquina" de los finales de los 40, por su gran calidad artillera, según algunos, o, según una versión menos conocida, porque cuando empezaban a marcar goles eran las cinco de la tarde, y a esta hora exacta, pasaba a unos metros de la cancha la locomotora saludando pitando cada domingo. No faltó la eficacia a la belleza del fútbol del Monumental, probando así que dinero, resultados y bello fútbol son compatibles: el River le brindó 2 Libertadores (86 y 96), la primera culminada de la Intercontinental, y 32 títulos argentinos.

Hoy, el River sigue honrando el estadio Monumental con pasos y pases para la belleza de un juego de fútbol de arte individual y colectivo. Probablemente es el único Club y Estadio del mundo del cual se pueda decir que tenga un estilo, con jugadores de bellas artes, utilizando más sus neuronas que sus músculos. La lista de grandísimos jugadores elegantes e inteligentes es única e inagotable: los ya citados fabricantes de la "Máquina" y Di Stéfano, Sívori, Amadeo Carrizo, Artime, Mostaza Merlo, Peucelle, Walter Gómez, Pinino Mas, Fillol, Luque, Díaz, Mario Kempes, Daniel Passarella, Enzo Francescoli, Norberto Alonso, para los clásicos, y los "modernos" Salas, Crespo, Gallardo, Aimar, Saviola, Ortega, D´Alessandro... etc...

La belleza del Estadio Monumental fue manchada una vez, contra su voluntad: el título mundial argentino del 78, el de la dictadura militar. Felizmente, sin ruido, con su estilo único, amada por los atacantes del fútbol ofensivo y odiada por los defensores del fútbol atlético, la pareja Monumental-River Plate sigue fiel al fútbol espectáculo. El River Plate cumplió en 2001, cien años de fútbol creativo. Y el Estadio Monumental, en mayo del 2007, celebró 69 años de belleza.

El Centenario de Montivideo

El Centenario, escenario del primer Mundial de 1930, aspira a albergar el Mundial de 2030 para su cumpleaños. Justa recompensa para una olla a presión que, aunque hoy viva de leyendas antiguas, ha sido testigo de grandes artes interpretadas por famosos inspiradores y maestros del fútbol ofensivo y creativo. Las tribunas llevan nombres de la historia universal del fútbol uruguayo: Colombes, Amsterdam, Olímpica, América.

Atilio García, fue un inmenso actor del Centenario, el artillero del Nacional, injustamente olvidado, con la mejor media universal de goles por partido, en un campeonato de primer nivel, entre 1938 y 1950(1,06). Allí, marcaba de 30 a 50 goles por año. 60.000 espectadores del Nacional se dejaban el sueldo para verle ejecutar cada domingo una o dos obras maestras. 50 años más tarde los mismos 60.000 aficionados bailaban el tango, elegantes en las gradas del otro lado del Río de la Plata, a ritmo e imagen de la carrera plástica de Enzo Francescoli, cuya última hazaña en el Centenario fue alzar la Copa América 1995, tras una pasional tanda de penalties ante Brasil.

El estadio Centenario fue el teatro de la primera final de la Copa Intercontinental en 1960. El Peñarol cayó entonces contra el mejor Real Madrid de Di Stéfano 0-0 en Montevideo y 5-1 en el Bernabéu. Un año más tarde el Peñarol vive una revancha luminosa ante el mejor Benfica de Eusebio, arrasando en el partido de vuelta 5-1 en su estadio y ganando nuevamente 2-1 en un desempate nuevamente en el Centenario al haber perdido 1-0 en Lisboa. El mágnifico goleador Spencer los metía por pares, apoyado por grandes atacantes que eran Cubilla, Borgés, Linazza y Tito Gonçalves.

En 1930, Uruguay sólo alineaba artistas en la cancha, en particular los primeros negros que amaravillaron París y Amsterdam en las Olimpíadas de 1924 y de 1928. Jose Andrade fue titulado "la Maravilla Negra" por la prensa francesa tras sus actuaciones deslumbrantes en Colombes donde nunca habían visto jugar una perla negra, que con sus compañeros de arte, Petrone, Cea y Nasazzi, se entrenaba el regate corriendo tras gallinas enloquecidas, según escribió la prensa francesa... driblada por el engaño de los jugadores.
Fuente: Jean Pierre Bonenfant

El antiguo Wembley: la cuna del fútbol

El antiguo Wembley era, tras el casi centenario Hampden Park, el estadio más viejo del continente europeo, construido en 1923 y destruido hace nada después de 80 años de historia y leyenda. Inglaterra resucitó el deporte rey pero se quedó aislada cuando Europa y el mundo reencontraban el Deporte a través de los Juegos Olímpicos y del juego del Fútbol a través de la industrialización. 2.000 años sin deporte ni fútbol pero en 100 años hemos redescubierto la belleza del juego y de los Juegos.

En el templo de Wembley, no faltan las hazañas, pero son tán "anecdóticas" al lado del partido Inglaterra-Hungría, el primero de la historia en 1953. Era bien asumido por el mundo que Inglaterra jugaba al fútbol en su isla y que los infieles del resto del mundo jugaban con una pelota, y evidentemente, como inventores del fútbol eran los mejores. Hasta prueba de lo contrario no había nada que objectar a los gentlemen futbolistas británicos. Hasta que salgan de su aislamiento en los años 50 con su primera participación desastrosa en el Mundial de Brasil 1950, más una serie de derrotas en Yugoslavia, Brasil, Austria, Hungría.

3-6 fue la confirmación de la infinita superioridad del juego ofensivo y creativo de los húngaros Puskas, Hidegkuti, Grosics, Czibor, Kocsis. Los Ingleses no entendían nada a la aparente falta de organización del fútbol europeo de entonces. No creían que tocando y tocando el balón con pases cortos, artes del regate o de la pared se podía ganar partidos. Su fútbol siempre había sido de esfuerzos académicos, coloniales o industriales... con velocidad y fuerza principalmente. El de lo Húngaros era un fútbol de amigos imaginativos que disfrutaban en crear jugadas desconcertantes, y aleatoriamente marcaban goles, muchos goles, muchísimos goles. Unos meses más tarde, en la revancha en Budapest, se confirmó que el fútbol inglés estaba equivocado: 7-1 para los Húngaros.

Wembley vio grandes jugadores, uno de los cuales Stanley Matthews, muy pequeño según los pobres criterios actuales, desbordaba por la derecha a defensas de 20 años... a sus 50 años en la Premier League... yes Sir. Sir Bobby Charlton llevó su país a su primer y único título mundial en 1966, en una final polémica, 4-2, contra Alemania. Este día se cambiaron los postes cuadrados por los redondos ante la protesta alemana y mundial por el gol fantasma inglés. Alemania entera dice aún "perdimos el mundial 1966 por 2-2". Desde entonces, con los postes redondos, los goles fantasmas sobreviven.
Fuente: Jean Pierre Bonenfant

El Wankdorf de Berna

Las maderas del estadio Wankdorf de Berna en Suiza no se refieren a la obra de ese estadio clásico, hecho de cemento y hierro, sino a las de las porterías que, como en otros estadios de leyenda, jugaron cierta vez un gran papel. Dos veces, los palos de madera de las porterías del Wankdorf cambiaron el curso de la historia como para participar en ella... En la final del Mundial 54 y en la final de la Copa de Europa 61. Pero no se trata de un sólo disparo a la madera, que se carga de historia, como en la final del Mundial 66 en Wembley, sino de tres. Tres disparos a la madera que condenaban a sus autores, algunos de ellos, dos veces.

La más famosa final de las maderas fue la del Mundial 54. Hungría arrasaba en Europa: 4 años y 29 partidos sin perder. Entre otros, Puskas, Hidegkuti, Czibor y Kocsis, habían derrotado, por primera vez, ante la incredulidad mundial, a los ingleses en su templo de Wembley por 6-3 en 1953. Meses más tarde en la revancha, ¡¡Inglaterra perdió en Budapest 7-1!!

En el Mundial de 1954, en la fase clasificatoria, Hungría apabulló a Alemania 8-3, que se clasificó en repesca. El 4 de julio, a las 17 horas y 9 minutos, Hungría ya ganaba 2-0. Otra goleada histórica de los "magiares mágicos" estaba servida, pero a las 17 horas y 18 minutos -entonces se jugaba al ataque desde el principio- dos goles de Morlock y Rahn igualaban los de Puskas y Czibor.

Puskas, agotado y lesionado por un alemán en primera ronda, las maderas entraron en juego, y se dio la mayor sorpresa del fútbol junto con el "Maracanazo". Los húngaros dominaban abrumadoramente, multiplicaban pases, paredes y ocasiones, acompañados por 60.000 espectadores admirativos. En pleno dominio húngaro, Kocsis e Hidegkuti, dos veces, estrellaron sus disparos a la madera. Ya estaba dicho, las tres maderas impidieron la justa consagración de uno de los mejores combinados de la historia del fútbol universal.

Kocsis y Czibor, perdieron de nuevo en el Wankdorf, el 31 de marzo de 1961, en la final de la Copa de Europa, 3-2 contra el Benfica. Jugaban con Barcelona, y Kocsis dijo tras el partido: "Hoy entiendo lo que ocurrió en 1954: en este césped pesa una maldición contra todo húngaro que lo pise"... La delantera del Barça era impresionante con los húngaros Kubala, Kocsis y Czibor, más Evaristo y el estratega Suárez, recién Balón de Oro. El Barça era favorito y la joven "pantera negra" del Benfica, Eusebio, no estaba en el campo. Kocsis y Czibor marcaron los dos goles del Barça, como para extirpar la maldición. Pero, la suerte decidió que sus compañeros estrellaran, otra vez, tres disparos a las maderas de las porterías del estadio Wankdorf.

Ya fallecidos Kocsis y Czibor, por fin el Barça les vengó, en el Wankdorf, en la final de la Recopa de Europa 1989, al vencer a la Sampdoria 2-0. Pagliuca, el portero genovés, invocaba las maderas del antiguo Wankdorf, sin éxito. Los postes nuevos eran sin historia, de metal y redondos.

La Bombonera de Buenos Aires

El estadio, cuya obra fue encomendada al ingeniero esloveno Victor Sulcic, está ubicado en las calles Brandsen, del Valle Iberlucea, Pinzón y las vías del ferrocarril, en pleno corazón del barrio de la Boca en la ciudad de Buenos Aires. Se inauguró en 1940 y fue bautizado como "La Bombonera", debido a su forma característica que le permite gozar de una acústica inimitable. En 1996 al estadio se le añadió el nombre de Dr. Camilo Cichero, quien fuera presidente de la entidad boquense en la época de su inauguración, aunque a partir del 27 de diciembre de 2000 pasó a llamarse Don Alberto J. Armando, otro de los presidentes ilustres de la institución.

"La Bombonera no tiembla... late", la frase que figura en uno de los carteles del estadio no puede resultar más certera.. El griterío ensordecedor que invade todo el barrio por medio de un eco vibrante que va y viene se convierte en una poderosa fuente de energía transmisora de sentimientos y comunicación... Cualquier religión del mundo envidiaría los poderes místicos de ese recinto de pasión, en donde miles de aficionados entonan cantos al unísono como si fuera la mismísima garganta de Dios; más que estadio es un templo. Son muchos los recintos futbolísticos que lo superan en capacidad, en diseño, en confort... pero ninguno brinda semejante emoción. A través de sus vibraciones hasta el cemento parece irradiar efluvios de vida cuando aparece el equipo en el terreno de juego envuelto en miles de papelitos y banderas de colores azules y amarillas que flamean por doquier. Los que no lo han visitado no pueden imaginar el espectáculo de un escenario donde, incluso, los más escépticos, se han conmocionado hasta las lágrimas.




Por estos motivos y muchos otros, no son pocos los que piensan que La Bombonera, sede oficial de la primera y auténtica hinchada nº 12, tendría que ser considerada como la Octava Maravilla del Mundo.
Fuente: Jorge Pérez González