El gol de Beckenbauer

Fue en el Mundial del 66. Alemania jugaba contra Suiza. Uwe Seeler se lanzó al ataque junto a Franz Beckenbauer, Sancho Panza y Don Quijote disparados por un gatillo invisible , vaya y venga, tuya y mía, y cuando toda la defensa suiza había quedado inútil como oreja de sordo, Beckenbauer encaró al guardameta Elsener, que se arrojó a su izquierda, y definió a la carrera: pasó por la derecha, tiró y adentro.

Beckenbauer tenía veinte años y ese fue su primer gol en un campeonato mundial. Después, estuvó en cuatro más, como jugador o como director técnico, y nunca bajó del tercer puesto. Dos veces alzó la Copa del mundo: en el 74, jugando y en el 90, dirigiendo. Contra la dominante tendencia al fútbol de pura fuerza, estilo divisiones Panzer, él demostraba que la elegancia puede ser más poderosa que un tanque y la delicadeza, más penetrante que un obús.

Había nacido en el barrio obrero de Munich este emperador del mediocampo, llamado el KAISER, que con hidalguía mandaba en la defensa y en el ataque: atrás, no se le escapaba ninguna pelota, ni mosca, ni mosquito, que quisiera pasar; y cuando se echaba adelante, era un fuego que atravesaba la cancha.