Carrizo

Pasó un cuarto de siglo atrapando pelotas con un imán en las manos y provocando el pánico en el campo rival. Amadeo Carrizo fundó un estilo en el fútbol sudamericano. Él fue el primer arquero que tuvo la audacia de salir de su área para empujar el ataque, a puro riesgo, creando peligro y hasta gambeteando rivales en más de una ocasión. Antes de Carrizo, ésa había sido una locura prohibida. Después, la audacia se contagió. Su compatriota Gatti, el colombiano Higuita y el paraguayo Chilavert tampoco se resignaron a que el guardameta fuera solamente un hombre-muro, pegado a su valla, y demostraron que el arquero puede también ser un hombre-lanza.

El hincha cultiva, como se sabe, el placer de la negación del otro: el jugador enemigo siempre merece condenación o desprecio. Pero los hinchas argentinos de todas las banderas celebran a Carrizo y coinciden, quién más, quién menos: nadie ha atajado como él en aquellas canchas. Y sin embargo, en 1958, cuando la selección argentina volvió con el rabo entre las patas del Mundial de Suecia, el ídolo fue el último de los dejados de la mano de Dios. Argentina había sido goleada por Checoslovaquia 6 a 1, y semejante crimen exigía una expiación. La prensa lo vapuleó, el público lo silbó, Carrixo quedó con el ánimo por el piso. Y años después, en sus memorias, tristemente confesó:

- Siempre recuerdo más los goles que me hicieron que los remates que atajé.
Fuente: Eduardo Galeano



Lo mejor de Amadeo Carrizo