Dodô: hacer goles es un arte

Ricardo Lucas es un artista de verdad. Con sus pinceladas, se ha convertido en ídolo de millones de personas. Consiguió el respeto y la admiración hasta de quien no aprecia demasiado sus actuales colores. Las obras de arte de este paulista de 33 años son los goles. Dodô, apodo del talentoso artista, viste la camiseta del Botafogo por tercera vez en su carrera. Y pinta con colores definitivos su relación de complicidad con la hinchada blanquinegra. Difícil encontrar quien no admire el delantero en Rio de Janeiro. Una química proporcionada por su facilidad para hacer goles de bella factura, o como se dice en Brasil, "goles de placa". "Dicen que solo me gusta hacer goles bonitos. Y no es bien así. Me gusta hacer goles. Y siempre intento marcar de la manera más simple. Algunos, claro, son bonitos", dice el goleador, con su simpática forma de ser jovial, apesar de rebasar los treinta.

¿Y los goles feos? En el primer partido de la final del Campeonato Carioca de 2007 (en Brasil, el primer semestre del año se juegan los campeonatos estatales de cada región), contra Flamengo, Dodô hizo uno tirándose al suelo. Pero resolvió compensar: en la finalísima, dio un sombrero en el portero Bruno e hizo el segundo del Botafogo. Durante ese mismo campeonato, hizo un gol de chilena, de fuera del área, de cabeza, tras una pared...



Revelado por el Nacional, en la capital paulista, Dodô fue cedido al Fluminense, aún en juveniles, y llegó a actuar en el primer equipo. Pero el Nacional quería 50.000 reales por él. Los cariocas no pagaron. En 1995, estaba en el Sao Paulo. Fue máximo goleador de la Copa Sao Paulo de Juveniles. Telê Santana lo aprobó. "¡Podéis comprarlo!". La diferencia es que Dodô y sus goles ya valían seis veces más: 300.000 reales.

En 1999, Dodô se desentendió con su entrenador Paulo César Carpegiani, además de celebrar un gol contra el Guarani haciendo un corte de mangas a los hinchas. Fue su fin el Morumbi. Se fue al Santos, donde se reencontró con Aristizábal, con quien siempre formó un dúo infernal y de mucha afinidad. Se quedó en la Vila Belmiro hasta 2001. Pero las ganas de volver a Sao Paulo lo llevó a aceptar una propuesta del Palmeiras, que más tarde bajaría a la segunda división brasileña.

Llegó, entonces, el momento de dejar Brasil. Dodô se fue a Ulsan, en Corea del Sur. Hizo 27 goles en la primera temporada. Uno de ellos, histórico, desde antes del centro del campo. Se quedó un año más. Más y más goles -por cierto, a día de hoy, él contabiliza, oficialmente, 294 goles. Pero por el Oita Trinita, de Japón, para donde se fue en seguida, fueron pocos goles. "Madre mía... el equipo era muy malo", dice.

Dodô volvió a Brasil, contratado por el Goiás. Jugó el Campeonato Brasileño de 2005 y, en enero del año siguiente, volvía al Botafogo. En ese segundo pasaje, se convirtió en ídolo. Ganó el rótulo definitivo de "Goleador de los golazos". Fue máximo goleador del Campeonato Carioca y campeón carioca. Empezó el Campeonato Brasileño de 2006 a todo gas. Era el líder de la tabla de goleadores y el mejor jugador del campeonato. Pero el Al-Ain, de los Emiratos Árabes, lo llamó. "Era mucho dinero. Hablé con Tatiana [mujer del jugador]... Teníamos que aventurarnos. El Botafogo lo entendió", afirma Dodô.

Pero Tatiana se embarazó y, seis meses después, la pareja decidió volver a Brasil. Era finales de 2006. Flamengo, Internacional, Fluminense y Cruzeiro van a por él. Sólo los últimos hicieron una propuesta oficial. Dodô sopesó. "Entonces, Montenegro [Carlos Augusto Montenegro, directivo del Botafogo] entró en la pelea y volvía al Botafogo por última vez. Soy feliz. Me gusta la dirección que mi carrera tomó. Fue la mejor cosa que hice". Sí que lo fue.
Fuente: Revista Placar